Superman en Badajoz
¿Dónde encuentras a Superman en Badajoz?
Baja sobre el Puente Real la noche que el Guadiana sube medio metro sin avisar. No hay alarma, solo un vecino del Parque de Castelar que ve el agua entrando en un bajo comercial y grita. Entra por la persiana, sube cajas a pulso hasta la acera, decenas de ellas, empapadas, antes de que el nivel suba más.
Cuando amanece y el agua baja, queda con las cajas en la calle y ningún dueño a la vista. El local no tiene nombre en la puerta ni contrato con nadie: es un almacén de paso, alquilado por meses. Lo único que identifica lo que hay dentro es un sello de tinta roja en la contraportada de cada ejemplar: Comics Badajoz. Ningún vuelo va a decirle dónde está eso.
Pregunta en la calle Menacho, donde nadie ha oído el nombre. Prueba en la Plaza de España, donde a un vendedor de prensa le suena de algo, sin poder decir de qué. Termina caminando, no volando, hacia el barrio de Santa Marina, siguiendo la única pista real que tiene: un repartidor que hace tres semanas dejó un paquete parecido en una calle sin número visible. Nadie en ese barrio lo reconoce por la capa: lo reconocen por las cajas mojadas que carga sin esfuerzo, y eso, para lo que necesita, no sirve de mucho.
La encuentra por descarte, probando calles, hasta ver un local con el escaparate tapado con papel de embalar, sin rótulo, con luz encendida a esas horas en las que ya no debería haber nadie trabajando. Llama. Le abren dos personas que llevan noches montando estanterías y no se sorprenden de verlo con las cajas mojadas en los brazos.
Cuentan el lote entero antes de darle las gracias, separan lo que se puede salvar y ponen a secar lo que no, sin preguntarle cómo ha llegado hasta ahí ni por qué las lleva él en persona. No le cobran nada. No hay nada que cobrar todavía: ni siquiera han abierto.
Puede levantar un almacén entero. Lo que no puede es encontrar una tienda sin cartel sin que alguien se lo cuente primero.