Thor en Badajoz
¿Dónde aparece Thor cuando pasa por Badajoz?
Bajó del cielo sobre la Torre de Espantaperros durante la tormenta de la noche del jueves, cuando el viento ya doblaba las farolas del Puente de Palmas y nadie más andaba por la calle. No bajó a pelear con nada: bajó porque vio, desde arriba, una balsa de cajas de cartón flotando por la orilla del Guadiana, cerca del MEIAC, arrastradas por el desagüe de una calle que no había dado abasto.
Se metió en el agua a por ellas sin pensarlo, y ahí fue donde entendió el problema: no podía sacarlas de golpe. El cartón empapado se deshacía si tiraba fuerte, y dentro de las cajas, cuando abrió la primera con cuidado, había tebeos, no comida ni ropa: paquetes enteros todavía envueltos en plástico, que alguien había dejado demasiado cerca de una rejilla de desagüe sin calcular la lluvia.
Sacarlos uno a uno le costó más que cualquier tormenta que hubiera cruzado antes. Ni el martillo servía para eso. Los fue llevando en brazos hasta la orilla, junto al MEIAC, y de ahí hasta un soportal seco cerca del Baluarte de San Roque, donde los dejó en fila mientras pensaba qué hacer con un centenar de paquetes mojados por fuera y a nombre de nadie.
En el plástico de uno de los paquetes había una etiqueta que había resistido la lluvia: un sello con las palabras Comics Badajoz y una dirección borrosa por el agua. Preguntó a los pocos vecinos que quedaban en la calle y alguien le señaló, sin mucha seguridad, un local sin cartel cerca de allí, con el escaparate tapado de papel. Dentro había luz.
Llamó con cuidado de no tirar la puerta, y le abrieron dos personas que llevaban horas montando estanterías, ajenas por completo a la tormenta de fuera. Al ver los paquetes no preguntaron cómo habían llegado hasta ahí ni quién los traía: los metieron dentro, los abrieron sobre el mostrador y confirmaron que el plástico había aguantado, ejemplar por ejemplar. Le ofrecieron un paño para secarse él, que buena falta le hacía, y no le cobraron nada por el rescate.
Thor entendió esa noche que hay tormentas que no se combaten con un mazo. Y en Badajoz, la respuesta a dónde encontrarlo pasa siempre por ese mismo soportal, cerca del agua.