Wonder Woman en Badajoz
¿Dónde puedes encontrar a Wonder Woman en Badajoz?
Cruza la Alcazaba una noche de agosto, cuando el calor no deja dormir a nadie, y encuentra a dos hombres a punto de llegar a las manos junto a la muralla. Discuten por una caja que uno ha comprado esa tarde a un tercero, sin recibo, y que el otro jura que era suya desde antes.
No separa a nadie a la fuerza. Se pone entre los dos y pide que hablen uno por uno. El comprador enseña lo que ha pagado. El otro enseña una lista escrita a mano, con los mismos títulos, la misma numeración, que dice haber encargado semanas atrás a una tienda que todavía no tiene ni nombre en la puerta.
Sigue el hilo por la Plaza de España, donde nadie conoce el sitio, y baja hasta el Puente de Palmas preguntando por un pedido perdido. La respuesta se la da, al final, un repartidor que recuerda haber dejado un paquete parecido cerca del Baluarte de San Roque, en un local sin cartel donde alguien firmó sin decir su nombre. Ni el repartidor sabe explicar bien dónde fue: solo recuerda una calle estrecha y una puerta sin número visible.
Encuentra el escaparate tapado de papel de embalar, la luz encendida detrás, y a dos personas trabajando de noche entre estanterías a medio montar. Les cuenta lo del lote y lo del pedido perdido, y ellos reconocen el error antes de que termine de hablar: el encargo salió mal etiquetado, y lo que el comprador de la Alcazaba tiene en las manos era, en realidad, de otro cliente.
No hace falta pelear por eso. Vuelve con el lote correcto, se lo entrega al hombre de la lista escrita a mano y deja al otro con la promesa de que su pedido, el de verdad, estará listo en cuanto abran. Nadie paga de más. Nadie se va con las manos vacías. En la tienda no le cobran nada por la gestión ni le preguntan cómo ha llegado hasta la puerta sin que nadie la anunciara.
No hacía falta ganar la pelea. Hacía falta encontrar quién tenía razón, y en Badajoz eso también se resuelve sin gritar.